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Restablecer las manufacturas y el bienestar general, depende del restablecimiento del Sistema Americano de economía

20 de julio de 2017
Exhibición de productos Made in America (Hecho en Estados Unidos), 17 de julio de 2017. (Foto oficial de la Casa Blanca, de Evan Walker)

19 de julio de 2017 — Lo que sucede hoy en Estados Unidos pone aún más en evidencia que las intenciones del Presidente Donald Trump de reconstruir la economía nacional y revertir el desplome de los niveles de vida estadounidenses, aunque bien intencionados, no van a poder llevarse a cabo a menos que se solucione el desplome del sistema financiero occidental, que se nos viene encima. No es posible una recuperación, si no se crea una versión moderna del sistema crediticio hamiltoniano, para generar las enormes cantidades de crédito que se necesitan tan solo para poder mover al coloso herido de la economía estadounidense. La Sociedad Americana de Ingenieros Civiles calcula que se necesitan cerca de $5 billones de dólares en los próximos ocho años solo para restablecer la deteriorada infraestructura a un nivel decente, en tanto que la Corporación de Inversiones de China, un fondo soberano de inversión que busca invertir miles de millones en Estados Unidos (si se crean las necesarias estructuras financieras) calcula que el déficit en infraestructura es de $ 8 billones.

Así que, ante esto, ¿en dónde queda la propuesta de Trump de un fondo para infraestructura por un billón de dólares? Es más, ¿de dónde va a salir el crédito para reparar el quebrado sistema de salud de Estados Unidos o restablecer nuestras capacidades manufactureras disminuidas o nuestras capacidades de investigación y desarrollo en los campos de frontera como son la energía de fusión nuclear y la exploración espacial?

Trump designó el lunes 17 como el “Día de lo Hecho en Estados Unidos”, y le rindió honores a las principales compañías manufactureras en la Casa Blanca y prometió restablecer la excelencia manufacturera de antaño. Pero no mencionó en su promesa el restablecimiento de la ley Glass-Steagall que le ponga fin al casino de apuestas de Wall Street, que ha construido ahora una canasta de derivados de papeles especulativos inservibles que es casi el doble en tamaño al que tenía cuando ocurrió el crac del 2008. Sin ese primer paso de la Glass-Steagall, que facilite los programas crediticios dirigidos por el Estado, las otras medidas mencionadas por Trump (recortar regulaciones y acabar con las políticas de competencia desleal) ni siquiera van a empezar a revertir el desplome.

O vean al fiasco en los servicios de salud. El esfuerzo más reciente para acabar con el desastre del Obamacare y reemplazarlo por algo igual de malo, se derrumbó porque ni los republicanos ni los demócratas pudieron soportar la peste. Trump respondió que ahora el Obamacare se va a colapsar por cuenta propia, y que quizá esto pudiera abrir el camino para trabajar con los demócratas en crear una solución factible.

Pero no hay soluciones factibles mientras sea Wall Street la que maneja el sistema de salud a través de los conglomerados aseguradores, cuyo único motor es la maximización del valor para los accionistas y extraer riqueza del sistema. El problema aquí, de nuevo, es la falta de crédito para hacerle frente al colapso del sistema de atención médica; no es un problema de seguros sino que es una crisis del sistema físico de prestación de servicios de salud.

Uno de los senadores republicanos que se volteó en contra del plan del Partido Republicano, Jerry Moran, es de Kansas, un estado en donde años de recortes en los servicios de salud han dejado a sus comunidades rurales literalmente sin acceso a los servicios de salud de emergencia, lo cual se aplica también a muchos de los centros urbanos del otrora pujante centro industrial. El programa de salud bajo la ley Hill-Burton iniciada por Franklin Roosevelt no se enfocaba en las aseguradoras, sino en la prestación de servicios. Se volvió obligatorio que todos los ciudadanos tuvieran acceso a hospitales y a profesionales de la medicina en un nivel preestablecido; si el sector privado proporcionaba esto a una comunidad, pues muy bien, pero si no, era obligatorio que el gobierno federal y local lo hicieran. Lo que se tiene que abordar es esta realidad física y esto solo se puede hacer con la Glass-Steagall y la reposición del sistema crediticio nacional, tal y como se creo con el Sistema Americano hamiltoniano. La casi extinción de ese Sistema Americano, especialmente a partir del asesinato de John Kennedy, puede y tiene que revertirse en las próximos semanas y meses.

El Presidente casi destruye la división imperialista del mundo entre potencias en guerra, impuesta por el imperio británico, al iniciar una asociación con Rusia y China para combatir el terrorismo y reconstruir el mundo a través de la Nueva Ruta de la Seda. Pero los británicos siempre han manejado su imperio controlando los flujos de crédito, bajo el sistema bancario “privado”. Su odio a Trump y el lanzamiento de la revolución de color que ahora están librando para sacarlo o asesinarlo, tiene que ver con su rechazo a esta división imperialista del mundo, pero aún más con su amenaza de restablecer el Sistema Americano de crédito nacional, que aplastaría el poder de Wall Street y la City de Londres. Todo estadounidense tiene que actuar para que se implemente este nuevo paradigma en este momento de oportunidad. No va a durar mucho.