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Alimentos para la paz y el pensamiento; crédito para el desarrollo

julio 15, 2017
Los Presidentes Trump de Estados Unidos y Macron de Francia en su conferencia de prensa conjunta en París, Francia, el 13 de julio de 2017 (whitehouse.gov)

15 de julio de 2017 — Durante su visita de dos días a Francia, el Presidente Donald Trump ha seguido fomentando relaciones funcionales con el Presidente Xi Jinping de China, con el Presidente Vladimir Putin de Rusia, y con otros jefes de Estado sensatos, que están despertando ante el hecho de que el futuro de la humanidad está fuera del juego geopolítico controlado por el imperio británico.

Con el Presidente Emmanuel Macron de Francia a su lado en una conferencia de prensa conjunta el jueves 13, Trump elogió al Presidente Xi como un “hombre de calidad, que ama a China”. El Presidente Putin, dijo, es alguien que “quiere lo que es bueno para Rusia, y yo quiero lo que es bueno para Estados Unidos”. En ese sentido, Trump defendió enérgicamente su reunión con Putin, la cual como explicó ya ha producido resultados importantes en Siria: “Yo pienso en un caso como el de Siria, en donde nos podemos juntar y hacer un cese al fuego, y hay muchos otros casos en donde congeniar puede ser algo positivo”.

Todo eso está muy bien, comentó este viernes Helga Zepp-LaRouche, pero lo que falta todavía con urgencia es un programa de industrialización para Estados Unidos para detener el derrumbe de la economía física que se nos viene encima, que se puede ver muy claramente en la Ciudad de Nueva York. El gobierno de Trump todavía no ha comenzado a moverse en la dirección de su programa anunciado de un billón de dólares para la infraestructura, ni en la urgentemente necesaria reinstitución de la ley Glass-Steagall para la reorganización de la banca en Estados Unidos y los sistemas bancarios transatlánticos. Si no se instrumenta un programa de emergencia en torno a las Cuatro Leyes de LaRouche, señaló Helga, no va a funcionar nada: Estados Unidos se tiene que unir a China y a Rusia y a otras naciones en la construcción del Puente Terrestre Mundial, dentro de Estados Unidos también. “Es la economía, estúpido”, insistió Zepp- LaRouche.

Tan solo consideren lo siguiente. Durante la última década, los bancos de China han generado unos $10 billones de dólares en crédito y una cantidad cada vez mayor de esto canalizado hacia el exterior como parte de la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Con ese crédito, han sacado de la pobreza a 700 millones de personas, han construido unos 22,000 kilómetros de ferrocarriles de alta velocidad, y han iniciado la actividad científica más avanzada del planeta en los campos del espacio y la energía de fusión termonuclear controlada.

En esa misma década, las instituciones financieras del sector transatlántico (más Japón) han emitido acumulativamente más de $15 billones de dólares en dinero inorgánico, con la mentada “emisión cuantitativa”, un 50% más de lo que China emitió como crédito productivo, supuestamente para aumentar la capacidad de préstamos de los bancos. Pero sin la Glass-Steagall y las Cuatro Leyes de LaRouche, nada de eso ha llegado a la inversión productiva. Más bien, lo que hay es un derrumbe de la industria y de la infraestructura, un desempleo y pobreza creciente, cada vez más suicidios, una epidemia de muertes por drogas y alcohol, y un abandono de las actividades científicas como los que representa la misión de la NASA.

Esta es la mayor debilidad de la situación estratégica, subrayó Helga Zepp-LaRouche, una debilidad que puede remediar el movimiento de LaRouche haciendo que la población estadounidense se concentre en las necesarias soluciones al colapso, como se ha hecho en la reciente conferencia del Instituto Schiller en Nueva York, de “Alimentos para la paz y el pensamiento”. Ahora tienen que comenzar los necesarios programas de infraestructura, y tiene que empezar a circular el crédito para el desarrollo.

A Wall Street y a la City de Londres no les gustará. Pero sí a todos los demás.