Juez brasileño propiedad de Londres condena a Lula da Silva bajo imputaciones falsas de corrupción; puede encender el caos en el país

14 de julio de 2017

14 de julio de 2017 — El juez “anticorrupción” manejado por Londres, Sergio Moro, quien ha venido llevando a cabo la destructiva operación Lava Jato (“Auto Lavado”) en contra de las instituciones brasileñas, condenó este miércoles 12 al ex Presidente brasileño Inacio Lula da Silva por falsos cargos de corrupción pasiva y lavado de dinero, y le dieron una sentencia de cárcel de 9 años y medios.

Aunque una corte federal por separado debe ratificar la sentencia dictada por el juez Moros, y mientras tanto Lula no será llevado a la cárcel, la mera acción de condenar a un ex Presidente es sumamente provocadora. Lula, que viene de una familia de clase trabajadora, utilizó su Presidencia para defender a la clase obrera y a los más pobres de su nación. Cualquier intento que hagan para encarcelarlo desatará el caos social, y podría llevar al país por un camino de guerra civil similar a Venezuela, y sacará a Brasil y a la región de cualquier participación en el paradigma emergente de desarrollo económico de la Nueva Ruta de la Seda. ¿Es acaso este el plan angloamericano?

En el discurso que dio el jueves 13 en la sede de Sao Paulo del Partido de los Trabajadores (PT), un Lula combativo respondió a la sentencia dada por el juez Moro anunciando que tiene la intención de hacer campaña para la Presidencia de la República. “Si hay alguno que cree que con esta sentencia, me están sacando del juego, deberían saber que sigo en el juego”, advirtió, y añadió que “en la política, los únicos que tienen el derecho a decretar mi fin son los brasileños... Señores que tienen Casa Grande”, refiriéndose a las residencias de los latifundistas, continuó diciendo, “dejen que alguien de las barracas de los esclavos haga en este país algo para lo que ustedes no son competentes. Dejen que alguien vele por este pueblo, porque ellos no necesitan ser gobernados por la élite”.

La operación Lava Jato hundió a Brasil en el caos político. El actual Presidente Michel Temer, quien no fue electo y no es popular, que reemplazó el año pasado a la Presidente Dilma Rousseff, luego de que le dieran un golpe de Estado, corre ahora el peligro de que también lo saquen de su cargo por cargos de corrupción. Dado lo incierto de su mandato, ya se están preparando otras opciones para colocar en el cargo otro Presidente, incluso antes del 2018, o antes de llevar a cabo elecciones adelantadas. Bajo estas circunstancias, es también una interrogante el que las elecciones en el 2018 se lleven a cabo.