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Trump ha sentado las bases para la cooperación entre Rusia, China y Estados Unidos para el desarrollo; los estadounidenses se tienen que movilizar por el programa

11 de julio de 2017
El Presidente Donald J. Trump y el Presidente Xi Jinping, 8 de julio de 2017 (Foto oficial de la Casa Blanca, por Shealah Craighead)

11 de julio de 2017 — La histórica reunión del Presidente Trump con el Presidente Putin, y luego con el Presidente Xi Jinping, en el marco de la reunión del G20 en Hamburgo, Alemania, a puesto en movimiento una fuerza potencial en el mundo, no de una fuerza geopolítica para imponerse sobre los demás, sino de una fuerza para el bien, para juntar a las naciones para avanzar su humanidad común. En tanto que Trump y Putin ahora trabajan juntos para acabar con la insurgencia terrorista en Siria, y potencialmente por todo el Medio Oriente, Trump y Xi Jinping se han vuelto a comprometer a la cooperación internacional como parte de la Nueva Ruta de la Seda.

Los enemigos de la paz ven esto con horror, y están en un estado de pánico para sabotear la “nueva detente” (como la llama un académico) entre Estados Unidos y Rusia. El corrupto ex jefe de la CIA, John Brennan, salió despotricando que la declaración de Trump en el sentido de que tenía el honor de reunirse con el Presidente Putin, era “algo muy deshonroso para decirlo”. Nikki Haley, a pesar de que fue nombrada por Trump como representante permanente ante las Naciones Unidas, dijo luego de la reunión productiva y amistosa entre los presidentes, que “no podemos confiar en Rusia y nunca vamos a confiar en Rusia”.

¿Nunca? “Ese veneno es locura”, comentó Helga Zepp-LaRouche ayer en una conferencia telefónica con el equipo de inteligencia de EIR. “Tenemos que emprender un diálogo de culturas. Cada país es una entidad con un lenguaje y una cultura. Puede ser que no sean perfectos, pero se compone de gente que constituye la humanidad”. Decir que no podemos confiar nunca en Rusia, agregó ella, “es peor que si el KKK insista en que las personas negras no deben tener derechos políticos nunca. Cada nación tiene una historia, con períodos de desarrollo y períodos de decadencia, pero las naciones están constituidas de seres humanos”.

Trump, dice Helga Zepp-LaRouche, “ha demostrado que se puede hablar con la gente, tanto en Estados Unidos como en otras naciones, en un modo tal que no se sienten atropellados. Estamos en una situación en la que podemos luchar ahora por la humanidad en su conjunto”. El Diálogo Económico Integral EU-China, programado para reunirse el 19 de julio para analizar los resultados del “plan de 100 días” que establecieron Trump y Xi en su reunión de Mar-a-Lago el pasado 6 de abril, “puede demostrar cómo puede verse la nueva realidad económica a nivel internacional”, dijo Zepp-LaRouche.

Indiscutiblemente hay un estallido de indignación en Estados Unidos ante el intento de derrocar al Presidente Trump, y contra la rusofobia que es parte central de ese intento. Esa indignación se puede y se tiene que convertir en optimismo, con base en el hecho de que la nueva relación de cooperación entre Rusia, China y Estados Unidos proporciona el fundamento para volver a hacer de Estados Unidos el “faro de la esperanza” que ha sido su papel histórico para el mundo, en vez del papel que jugó bajo Bush y Obama, de herramienta de la austeridad de Wall Street y de las guerras colonialistas de los británicos.

En la misma conferencia telefónica con EIR, Lyndon LaRouche dijo que para hacer realidad esto, debe haber un movimiento nacional, un proceso organizado para enfrentar la desintegración en marcha de las instituciones financieras del país y de la decrépita infraestructura de la nación. Este lunes 10 de julio fue el primer día del “Verano del infierno”, como lo llamó el gobernador Cuomo de Nueva York, un período en el que se van a retirar secciones de la red ferroviaria de la Estación Penn de trenes regionales y del sistema del metro de Nueva York, para darles mantenimiento y reparación que se debió hacer desde hace mucho tiempo, lo cual ya generó mucho más caos del que normalmente sucede y que genera descarrilamientos, retrasos y otros accidentes en el sistema. Solo un enfoque al estilo de la Nueva Ruta de la Seda PARA reconstruir el sistema de transporte de Nueva York, y toda la demás infraestructura decrépita de las ciudades de Estados Unidos, puede impedir el derrumbe en cascada que ahora se desenvuelve por todo el país.

El programa necesario es el que se plantea en las Cuatro Leyes de LaRouche: la reinstitución de la ley Glass-Steagall, una banca nacional, canalizar crédito para la economía física, y los necesarios motores de la ciencia con foco en la energía de fusión y el programa espacial. La defensa de la presidencia de Trump y la consolidación de la asociación con Rusia y China exigen una ciudadanía movilizada en torno a este foco programático.