Lo principal

                                                                                                                                                                                                                                                                                        

Para detener al partido bélico, hay que acabar con el sistema británico

17 de abril de 2017
La bomba GBU-43/B Massive Ordnance Air Blast (Artefacto Explosivo Masivo Aéreo GBU-43/B) , la bomba no nuclear más potente de Estados Unidos, utilizada recientemente en Afganistán por el gobierno de Trump. [defense.gov]

17 de abril de 2017 — La mayoría de las naciones y pueblos del mundo se encuentran en un estado de conmoción, y de temor, de que la reciente media vuelta que dio el Presidente Donald Trump —de su rechazo a la política de “cambio de régimen” y su compromiso de colaborar con Rusia y China por la paz y el desarrollo, al criminal e injustificado ataque militar contra Siria y la amenaza de atacar preventivamente a Corea del Norte— podría provocar una guerra nuclear global prácticamente en cualquier momento. Este temor está plenamente justificado, pero para impedir ese desastre existencial para la humanidad, tienen que asumir finalmente el hecho, identificado desde hace mucho tiempo por Lyndon LaRouche, de que el origen de esta crisis es el imperio británico y el sistema británico.

El diario londinenses Guardian no solo hizo alarde el 13 de abril de que la agencia de espionaje de las telecomunicaciones de Gran Bretaña, la GCHQ (el equivalente a la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos) fue la primera en notificar a los servicios de inteligencia estadounidenses sobre los dizque contactos sospechosos entre el personal de la campaña de Trump y los rusos que se consideraban “sospechosos de ser agentes de inteligencia”, como si el contacto con los rusos fuera algo malo. Se quejan en el diario británico de que en Estados Unidos está prohibido por la ley espiar a sus propios ciudadanos, así que lo tuvieron que hacer los británicos por ellos.

Por medio de su influencia sobre las redes políticas y de los medios informativos de Estados Unidos, y de su pieza principal, George Soros, los británicos utilizaron un expediente totalmente falso inventado por el “ex” agente del MI6, Christopher Steele, para generar una revolución de color contra la Presidencia de Trump por sus supuestos nexos con los rusos.

Luego, utilizando informes de inteligencia falsos, provenientes de sus agentes conectados con los terroristas en Siria, los “Cascos Blancos”, los británicos rodearon a Trump con la mentira de que el gobierno sirio había empleado armas químicas contra su población, lo cual es un absurdo, dado que no servía para ningún propósito militar y ya el gobierno sirio estaba ganando claramente la guerra contra los terroristas del Estado Islámico (EIIS) y de al-Qaeda, con la ayuda de Rusia. Recuerden que fue Tony Blair quien proporcionó la inteligencia falsa de que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva, con lo que arrastró a George W. Bush a la guerra en Iraq, lo cual fue el inicio del infierno de terror y de la oleada de refugiados en masa por todo el Medio Oriente.

Esta complicidad británica se hizo pública el 12 de abril en la reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSNU), cuando el representante alterno de Rusia ante el CSNU, Vladimir Safronkov, se volteó a mirar directamente al embajador británico Matthew Rycroft, quien acababa de atacar a Rusia por respaldar al gobierno de Bashar al-Assad en Sira (Rycroft fue antes un asistente de Tony Blair cuando los británicos lanzaron la guerra criminal contra Iraq). Safronkov identificó correctamente el motivo de los británicos para sus mentiras y sus provocaciones bélicas: “Ustedes tienen miedo de que podamos trabajar con Estados Unidos. Eso es lo que les hace perder el sueño”.

Ese es exactamente el propósito de los británicos. Los británicos han utilizado a Estados Unidos como su gigante idiota para hacer guerras coloniales siempre desde que asesinaron a John F. Kennedy, desde Vietnam, a Iraq, hasta Libia y Siria, y ahora quizás Corea del Norte, lo cual llevaría a toda Asia y al mundo entero a un holocausto nuclear. Los británicos están disgustos a arriesgar una guerra nuclear global para impedir que Estados Unidos rompa con la división imperial del mundo —entre un Este y un Oeste en conflicto— para unir al mundo entero en torno al desarrollo mutuo y la paz, y acabar con el imperio de una vez por todas.

El Instituto Schiller de LaRouche demostró cual es la solución a este desastre, los días 13 y 14 de abril en Manhattan, en una conferencia titulada “La cooperación EU-China sobre la Iniciativa de la Franja y la Ruta, y las ideas correspondientes en la filosofía china y occidental”. En la conferencia hablaron diplomáticos y profesionales chinos y rusos prominentes, y presentaron la urgencia de que el Presidente Trump se una a China y a Rusia en los proyectos de la Nueva Ruta de la Seda que ya están aportando un desarrollo en que todos ganan, en vez de la guerra, a todas las partes del mundo. La fundadora del Instituto Schiller, Helga Zepp-LaRouche, abordó la urgencia de esta cooperación en tanto que es la necesaria alternativa para evitar la guerra, pero también abordó la necesidad urgente de llevar las tradiciones culturales de todas las grandes naciones, y en especial las de la cultura confuciana china y de la cultura del renacimiento occidental, y armonizarlas para que sean la base para alcanzar los objetivos comunes de la humanidad.

Esto exige que, por fin, se complete la Revolución de Estados Unidos contra el sistema imperial británico, aplastar ese sistema perverso dentro de Estados Unidos y en todo el mundo, ya, antes de que tengan éxito en lanzar una guerra que significaría el fin inmediato de la civilización que conocemos hoy en día.

Todo ciudadano, de todas las naciones, debe actuar sobre la base de su verdadera humanidad en este momento de crisis de la civilización, para unirse con el movimiento de LaRouche y otros ciudadanos afines en el mundo, para aplastar al sistema británico, y hacer realidad el nuevo paradigma que representa el proceso de la Nueva Ruta de la Seda, de paz mediante el desarrollo.