Lo principal

                                                                                                                                                                                                                                                                                        

Se acerca el aniversario del centenario de Krafft Ehricke

17 de marzo de 2017
El pionero del espacio germano-americano Krafft Ehricke (izquierda) conversa sobre un modelo satelital para habitación humana, el 22 de julio de 1958, antes del primer vuelo humano en el espacio.

17 de marzo de 2017 — El próximo martes 24 de marzo, vamos a celebrar 100 años del nacimiento de Krafft Ehricke, científico y visionario germano-estadounidense. Ojalá estuviese vivo hoy, en este momento único pero transitorio de la historia, cuando por fin, luego de décadas malgastadas, sus planes por el ennoblecimiento de la humanidad pueden al fin llevarse a cabo. Ahora que ya no está, es responsabilidad de quienes nos quedamos, de estudiar y asimilar sus ideas hasta el punto en que él sea parte de nosotros, para que él viva por nosotros, y alcancemos las victorias que él anticipó tan claramente.

Aunque el programa espacial a nivel mundial le debe todo a Krafft, él era mucho más que un científico del espacio. Como todo gran científico, como Lyndon LaRouche y Helga Zepp-Larouche, con quienes trabajó muy de cerca, Krafft abrió una nueva ventana hacia la realidad del espíritu humano. Él entendió y explicó cómo es que la esencia singular y fundamental del hombre, es lo que le lleva a dominar cada frontera de la naturaleza, que ahora lo lleva a explorar el sistema solar, y luego incluso ir más allá. En sus “Tres leyes fundamentales de la astronáutica” escribió que “este es el destino [del hombre] como elemento de vida, dotado de razón y del conocimiento de la ley moral dentro de sí”. Y así es. Pero en otros escritos, Krafft fue muchos más allá, para decir a su manera, que el singular regalo de la razón creativa al ser humano, expresa la verdadera naturaleza más íntima del universo mismo. De ese entendimiento vienen los grandes descubrimientos de Kepler. Él y Krafft comprendieron junto con Dante, “el amor que mueve al Sol y a las demás estrellas”.

Una explicación más minuciosa de esa comprensión es lo que contiene la Cuarta Ley de Lyndon LaRouche, la cual en cierto sentido encierra a las otras tres de sus “Cuatro leyes nuevas” de junio del 2014.

Luego de la infamia y caída de Obama, condenado como Macbeth por la enormidad de sus crímenes, el imperio británico ha perdido a su ejecutor, cuando menos por ahora, tal y como lo había pronosticado Lyndon LaRouche. Luego de la caída del tirano sanguinario, el nuevo Presidente es bienintencionado. Pero nada puede sustituir al liderazgo intelectual de Lyndon LaRouche; esto es tan cierto hoy como lo ha sido desde la década de 1970.

Solo abre los ojos: ahora la victoria está al alcance. Se pueden promulgar las Cuatro Leyes. Estados Unidos se puede unir a la Nueva Ruta de la Seda. Se puede unir a China, Rusia, India y a otras naciones en la conquista del espacio, desde donde Krafft Ehricke nos estará sonriendo a todos.