Jornada de protestas de científicos argentinos: “Un país sin desarrollo científico no es un país soberano”

2 de marzo de 2017

1 de marzo de 2017 — El 1ro de marzo, los científicos argentinos afiliados al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), la institución científica más importantes del país que capacita científicos jóvenes, iniciará una huelga nacional a la que se unirá la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), para protestar en contra de los recortes al presupuesto del CONICET y al presupuesto para la ciencia y la tecnología en general.

“Un país sin desarrollo científico no es un país soberano”, afirmó Nicolás Ramos, becario doctoral de CONICET y afiliado a ATE CONICET, quien le dijo a Info Blanco Sobre Negro que el ataque a la ciencia está relacionado con el “cambio profundo del modelo de país” impuesto por el Presidente neoconservador Mauricio Macri. “Es un proyecto de país que aparece centrado en la iniciativa privada de los principales grupos económicos”, señaló. El Estado sólo es garante de los grandes negociados.

Aunque los científicos forzaron al gobierno a dar marcha atrás hace unos meses su plan para reducir el número de postulantes a becas del CONICET, Macri y su ministro de Ciencia, Lino Barañao, ha seguido recortando presupuestos y argumentando a favor de “reorientar” la ciencia hacia el sector privado, y le dicen a los científicos que van a tener que trabajar en donde haya “demanda” para ellos.

Macri lanzó por la ventana la idea de capacitar científicos como parte de una misión nacional, coherente con el programa para industrializar y desarrollar al país.

Los científicos están circulando un llamado en el que exigen que se aumente el presupuesto para la ciencia, la tecnología y para las universidades, y que 508 investigadores que ya fueron aprobados por el CONICET en el 2016 sean incorporados y reciban financiamiento, entre otras cosas. Advierte, el llamado, que las instituciones científicas van a tener dificultad en su funcionamiento como consecuencia de que el número de científicos es cada vez menor; que muchos de los equipos de investigación existentes no van a poder sostener su trabajo o emplear a nuevas personas; y que mucho científicos jóvenes se verán forzados a dejar el país, como ocurrió en la década de 1990.