La productividad perdida de Estados Unidos se puede encontrar en la Luna

25 de noviembre de 2016

25 de noviembre de 2016 — Quizás no hay nada que ilustre el océano que hay entre el paradigma de progreso de la Nueva Ruta de la Seda china, y el Estados Unidos del Presidente Obama que lo siguiente:

El Presidente Xi Jinping de China, luego de haber hecho de China el país con el programa espacial más dinámico, y luego de lanzar grandes proyectos de infraestructura por todo Eurasia, ha comenzado a nombrar a científicos e ingenieros de las ciencias del espacio como gobernadores de las provincias de China, para mejorar la calidad del liderato político del país.

Barack Obama, quien anduvo repartiendo sus últimas Medallas de la Libertad para pulir su "legado", se las concedió el 22 de noviembre a un gran número de atletas profesionales y animadores populares de TV.

Si no hay astronautas que arriesguen sus vidas para descubrir los secretos del espacio para la humanidad, ¿quién más las merece? ¿Ningún efectivo militar, al servicio de su país?

China ha desarrollado también, en un período de tiempo muy breve, uno de los experimentos de energía de fusión más destacados del mundo en el Tokamak EAST. Obama dijo hace unos años que Estados Unidos "no necesita tecnologías estrafalarias como la energía de fusión". Y también dijo, "ya estuvimos en la Luna".

Donald Trump quiere ahora restablecer de nuevo los buenos empleos para "el hombre y la mujer olvidados". Pero su tan discutido programa para construir infraestructura no tendrá éxito si no apunta a la gran revitalización del programa espacial en Estados Unidos y a avances significativos en ese campo, tal como el regreso a la Luna para establecer un "asentamiento" en cooperación con las naciones euroasiáticas y europeas que buscan eso precisamente. No va a tener éxito tampoco si no hay un financiamiento decente en los programas ya demorados en la frontera de la ciencia de fusión y de tecnologías de plasma para la industria.

El Presidente y el Congreso deben de apuntar al retorno del crecimiento real de la productividad, el cual ha desaparecido prácticamente de la economía de Estados Unidos desde hace décadas; de hecho, desde que la NASA se detuvo en la Luna.

"La norma de cómo funciona realmente la economía", como lo expresa el director fundador de la EIR, Lyndon LaRouche, comienza con el retorno a la separación bancaria de la ley Glass-Steagall sobre el cuerpo inerte de Wall Street, y crear una institución de crédito nacional basada en los principios de Alexander Hamilton, para financiar este retorno a la productividad y a la producción. Pero las economías de Estados Unidos y de Europa necesitan los proyectos de infraestructura más avanzados y avanzar en las fronteras de la ciencia del espacio y de la energía, en colaboración de las naciones eurasiáticas que integran la "Nueva Ruta de la Seda".

LaRouche estableció estas "Cuatro Leyes para Salvar a Estados Unidos" y a su economía a principios de 2014. Todavía dan la pauta.