Con el golpe de Estado judicial contra la Presidente de Brasil, los violadores financieros ganan una batalla, no la guerra

1 de septiembre de 2016

1 de septiembre de 2016 — Al dejar el Palacio Presidencial de la Alvorada, luego de que el senado brasileño votó 61 contra 20 para hacerle un juicio político en base a cargos espurios de delitos que no cometió, la Presidente Dilma Rouseff dejó muy claro que la pelea por Brasil no ha terminado sino que se intensificará:

“El proyecto nacional, progresista, inclusivo y democrático que yo represento ha sido interrumpido por una poderosa fuerza conservadora y reaccionaria... Ellos van a secuestrar las instituciones del Estado para colocarlas al servicio del más radical liberalismo económico y del retroceso social... Escuchen bien: ellos piensan que nos han vencido, pero están equivocados. Yo se que todos vamos a dar la pelea... Vamos a regresar y seguiremos hacia un Brasil en el que el pueblo sea el soberano”. Luego citó al antropólogo brasileño Darcy Ribeiro: “No nos gustaría estar en el lugar de quienes se creen los vencedores. La Historia será implacable con ellos”.

Por toda Suramérica, se reconoce cada vez mas que son los “violadores” financieros, como los califica Lyndon LaRouche, los que orquestaron este golpe judicial en contra de Brasil. Cristina Fernández de Kirchner, ex Presidente de Argentina, en su cuenta de Twitter afirmo: “América del Sur es otra vez laboratorio de la derecha más extrema; se consumó en Brasil el golpe institucional: una nueva forma de violentar la soberanía popular”.

Ahora que Michel Temer será juramentado como Presidente, los gobiernos de Ecuador y Bolivia retiraron a sus embajadores.

Durante el debate en el senado, el senador Roberto Requiao, del estado de Paraná, afirmó que los “buitres y cuervos” financieros y geopolíticos están detrás del golpe de Estado que busca congelar por 20 años los gastos e inversiones para la salud, la sanidad, la educación, la infraestructura, la vivienda, y la seguridad pública, en tanto que garantizará el pago de los intereses de la deuda, y privatizará el patrimonio nacional de la producción de energía, los minerales, la agricultura, las manufacturas y el patrimonio tecnológico. Le advirtió a los que aprobaron el enjuiciamiento político que están jugando con fuego: ¿Están ustedes “preparados para una guerra civil? ¿No lo están? Bueno entonces comiencen a cavar sus trincheras, porque el conflicto va a ser inevitable. Los brasileños que probaron el placer de los adelantos sociales por algunos años no van a regresar de manera sumisa a sus celdas de esclavos”, afirmó.

La subprocuradora general del Brasil, Ela Wiecko, renunció al cargo en la víspera de la votación como protesta en contra del “golpe”, y le dijo a la revista Veja que “hay mucha gente que piensa como yo dentro de la institución”.

Se introdujo un giro inesperado en este sórdido embrollo en las últimas horas del juicio político, cuando el presidente de la Corte Suprema, que presidió el juicio, aceptó la propuesta que hizo el PT, partido de Dilma, de que se hicieran dos votaciones: la primera sobre el juicio político, y la segunda sobre si se le quitaban o no a Dilma todos sus derechos políticos por 8 años, como se especifica en esos casos. La segunda votación que también necesitaba 54 votos para ser aprobada, fue de 42 votos a favor y 31 en contra, y tres abstenciones, de modo que no pasó, lo cual quedó como un reconocimiento implícito de que, en realidad, la ex Presidente no cometió ningún delito.