Avanza golpe de Estado de banqueros internacionales contra Dilma Rousseff en Brasil

13 de may de 2016

13 de mayo de 2016 – En una embrollada sesión de 15 horas, con discursos teatrales y posturas rimbombantes, el Senado brasileño decidió el miércoles 11 proceder con el juicio político contra la Presidente Dilma Rousseff. Era de esperarse, ya que solo se requería la mayoría simple y como se conoció después, más de la mitad de los senadores que votaron contra la Presidente Rousseff, tienen ellos mismos indagatorias abiertas por el juez del caso, lo cual es un signo de la libertad de conciencia que pueden ejercer estos senadores. A partir del jueves 12 Dilma Roussef tiene que entregar el cargo al vicepresidente Michel Temer (quien a su vez entregará el poder a su ministro de Hacienda postulado, el ex presidente del banco FleetBoston Global Bank, Henrique Meirelles) por el tiempo que dure el proceso del juicio político, cuyo máximo lapso sería de 180 días.

Luego de sacar del camino a Rousseff, los buitres financieros del sistema transatlántico van a descender sobre Brasil en parvadas, con la intención de tumbar la “B” de los BRICS y para utilizar esta operación de “manos limpias” (copiada del caso italiano, Mani Puliti) del imperio británico para desmantelar las capacidades científicas, tecnológicas e industriales del país que son relativamente avanzadas.

Durante una rueda de prensa antes de dejar el cargo, y en los comentarios que hizo a sus seguidores al salir del edificio presidencial, así como en un video de 10 minutos que colocó en las redes sociales, la Presidente Rousseff hace un llamado a la lucha y reitera que no ha cometido ningún delito, que no aceptará ningún chantaje de nadie, y que sale a causa de “un juicio fraudulento, un verdadero golpe de Estado”. Promete defenderse vigorosamente, y subraya que no es solo su mandato el que está en juego, sino “el respeto a la voluntad popular... Lo que está en juego es el futuro del país”.

Ya hay un revuelo en Iberoamérica. Por un lado, el gobierno de Mauricio “papales de Panamá” Macri en Argentina, como el de Barack Obama, emitieron sendas declaraciones para mostrar “respeto” a las instituciones de Brasil en su golpe anticonstitucional.

Por otra parte, el secretario general de la OEA, Luis Almagro, sigue planteando dudas acerca de la legalidad de todo el proceso para el juicio político en Brasil; recientemente dijo que va a buscar la opinión legal de la Corte Interamericana de Derechos Humanos vinculada a la OEA. Asimismo, el secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), el colombiano Ernesto Samper, señaló en una rueda de prensa que la decisión del Senado brasileño plantea serias inquietudes sobre la consolidación del Estado de derecho y de la gobernabilidad democrática en Brasil, y por ende para toda la región. Samper destacó que el juicio a Rousseff viola la propia constitución de Brasil, porque fue retirada del cargo no por haber cometido un delito, sino por una falla administrativa. Si se acepta la salida de un Presidente sobre esas bases, cualquier presidente de la región podría ser enjuiciado, lo cual abre las puertas a que las mayorías legislativas criminalicen los actos administrativos a fin de tumbar gobiernos electos por una mayoría de votos. Sin declararse con relación al presidente interino, el secretario general de Unasur señaló que consideran a Dilma Rousseff como la Presidente Constitucional de Brasil hasta que el juicio haya concluido.

Al principio de la semana, el juez Sergio Moro (de quien se informa que obtuvo la mayor parte de sus pistas calientes “anticorrupción” de los teléfonos que interceptó la Agencia de Seguridad Nacional —NSA, por sus siglas en inglés— de Estados Unidos a políticos brasileños relevantes, incluyendo a la Presidente Rousseff, y a empresarios, como lo denunció Edward Snowden en el 2013) ordenó el arresto del Ministro de Finanzas Guido Mantega para interrogarlo, por supuesto delito de corrupción relacionado con Petrobras y el importante Banco de Desarrollo de Brasil (BNDES). Por décadas, el BNDES sido la entidad central para emitir crédito nacional para la infraestructura, así como muchos de los acuerdos más recientes en los que están trabajando con China. Por décadas, Wall Street y la City de Londres, han estado tratando de privatizar el BNDES.

No muy casualmente, el 10 de mayo el Ministro de la Defensa de Brasil, firmó un acuerdo de cooperación con el BNDES sobre “cooperación técnica” para desarrollar una base industrial de defensa en Brasil. Esto en un contundente mensaje político proveniente de las instituciones todavía poderosas de la industria militar y científica de Brasil. Pero esto no va a ser suficiente para detener el golpe de Estado, hasta que Dilma y sus aliados identifiquen que lo que está sucediendo no es meramente un golpe (como ellos ya señalaron), sino un golpe de Estado de los banqueros internacionales como parte del ataque del imperio británico a todos los miembros del BRICS, incluyendo a Rusia y a China, y hasta que se unan al esfuerzo para aniquilar a ese imperio de una vez por todas. Hasta ahora, Dilma se ha aferrado a una narrativa estrictamente nacional en una manifestación de pragmatismo necio típicamente brasileño.

Durante los próximos días, el juez Moro va exprimir literalmente al vástago multimillonario de la familia Odebrecht (de la enorme firma de ingeniería y construcción internacional del mismo nombre) quien está en la cárcel con una condena de 19 años, y el juez le ofrece reducir la sentencia a la mitad si denuncia a funcionarios del BNDES.

Mientras tanto, Temer anunció su dizque “Gobierno de salvación nacional”, que más bien promete llevar al país a un estado de ingobernabilidad. Sus voceros anunciaron que el gobierno impondrá rápidamente el programa de austeridad que le han exigido los intereses del imperio británico que lo pusieron en el poder (con la ayuda de Obama), empezando con destrozar las pensiones y los derechos laborales. Ya el ministro de Justicia de Temer, Alexandre de Moraes, amenazó con levantar cargos penales contra los manifestantes a favor de Dilma que bloquearon los caminos de Sao Paulo, lo cual le valió a Moraes el apodo de “pit bull de Temer”.