Los británicos no pueden más que hacer comentarios amargos en respuesta a Palmira

10 de may de 2016

10 de mayo de 2016 — Como en todas las operaciones de flanqueo exitosas, la decisión del Presidente ruso Vladimir Putin, de plantar la bandera de la cultura clásica en el escenario en que las fuerzas armadas de Rusia y de Siria acababan de liberar de las garras satánicas del EIIS, manejado por el imperio británico, fue tanto una sorpresa como una empresa altamente arriesgada. Un artículo que destila envidia escrito por el jefe de Asuntos Internacionales de la BBC, John Simpson, quien fue parte de los periodistas internacionales que fueron transportados a Palmira, admite sin embargo el éxito de este golpe maestro y da algunos detalles interesantes:

"Condujimos por más de 200 millas atravesando un territorio peligroso del centro de Siria, con vehículos blindados detrás y al frente de nosotros y helicópteros militares rusos volando en círculos sobre nosotros, armados hasta los dientes. En los siete autobuses que componían nuestro convoy había un par de docenas de músicos reconocidos internacionalmente, desde el director de Orquesta del Teatro Mariinsky de Rusia, uno de los amigos más cercanos de Vladimir Putin, hasta el chelista Sergei Roldugin, quien estuvo implicado recientemente en el escándalo de evasión fiscal de los Documentos de Panamá.

"Había unos 100 periodistas en el convoy, la mayoría de ellos de Rusia, aunque también con una buena representación de varios países extranjeros: Gran Bretaña, Canadá, Estados Unidos y China, entre otros. Imagínense la reacción si algo nos hubiera sucedido. Hubiera sido un desastre de relaciones públicas para el Presidente Putin y el Kremlin. Pero ¿de qué se trataba todo esto? ¿Por qué tomarse ese trabajo y arriesgarse de esa manera?"

Los comentarios amargos abundan en la cobertura de los medios británicos y otros por el último ataque sorpresa de Putin. "Fue como Nerón tocando el violín mientras Roma ardía" dijo con desprecio un diplomático británico no mencionado por nombre con sede en el Medio Oriente al Telegraph de Londres. Leonid Bershidsky de Bloomberg detalló más:

"Ahora, claramente con la bendición a Putin, el chelista [Sergei Roldugin] salió a la superficie en una situación lo más pública posible, en el atrevido espectáculo de Palmira. Envolver todos estos mensajes en un concierto de música clásica en un sitio antiguo es casi en sí mismo una obra de arte. Su propósito fue reafirmar el poderío y desdén impenitentes de Rusia por la opinión de Occidente. [El director Valery] Gergiev, quien con frecuencia dirige en lugares heterodoxos, se absolvió a sí mismo admirablemente. En Palmira, el espectáculo fue grandioso y el mensaje inconfundible. La Rusia de Putin sigue sus propias reglas, ya sea en Siria o en casa".