La combativa Presidente de Brasil denuncia los "métodos fascistas" detrás del intento de golpe de estado

25 de marzo de 2016

25 de marzo de 2016 — La combativa Presidente de Brasil, Dilma Rousseff, inició su ofensiva mediática el 24 de marzo, y congregó a los periodistas de seis diarios extranjeros para denunciar el intento de golpe de estado contra ella que está en marcha, disfrazado tenuemente de la "Operación Lavado de autos" por sobornos y malversación de fondos con relación a la empresa petrolera PetroBras.

El mismo día que la revista vocera de la City de Londres, The Economist, publicó una editorial bajo el encabezado de "Hora de irse: una presidente deteriorada debe renunciar", la Presidente Dilma le dijo a los periodistas que no hay ninguna base judicial legal para iniciar un proceso de juicio político en su contra, dado que no ha cometido ningún delito.

"Por qué quieren que renuncie? ¿Porque son una mujer débil? No lo soy", dijo ella, como lo reseñó el diario británico The Guardian ese mismo día. Lo que quieren sus rivales políticos, dijo ella, es que renuncie "para evitar las dificultades de sacar a una Presidente electa legítimamente del poder, de manera indebida, ilegal y criminal". Seamos claros, señaló Rousseff a los periodistas; se están empleando "métodos fascistas" en su contra, y si la sacaran del cargo, sin ninguna justificación legal, sería un golpe de Estado, no como los golpes militares del pasado, pero de cualquier modo una ruptura del orden democrático.

Rousseff empleó la palabra "fascista" de manera muy precisa, dado el pedigrí de las fuerzas dirigidas desde Londres en su contra. Pero, sin lugar a duda, en el centro de los esfuerzos golpistas está el sicario imperial británico George Soros, ansioso de ver que se impongan las políticas fascistas de la City de Londres en Brasil.

El papel de Arminio Fraga, ex presidente del Banco Central y ex socio de Soros en su Quantum Fund, es un elemento central en este sentido. Es revelador la admisión que hizo el juez Gilmar Mendez, quien emitió el 23 de marzo una orden judicial para prohibir que el ex Presidente Lula da Silva, aliado de Rousseff, asumiera el cargo de Oficial Mayor, puesto al cual lo nombró Rousseff. Mendez reconoció que dos días antes de emitir esa orden, se había reunido con dos "personalidades de la oposición", uno de ellos el propio Fraga. Se puede suponer muy bien que él maniobra tras bambalinas para organizar un nuevo gobierno.

En una entrevista que se publicó el 16 de febrero en Estadao, Fraga se había quejado de que "parece que nadie quiere hacer nada atrevido, o que implique sacrificios". Y con relación al juicio político, dijo que "yo pienso que es legítimo, siempre y cuando siga un debido proceso. Si sucede, es porque tiene que suceder, y yo no estaría temeroso si eso sucediera".