Los ciudadanos de Estados Unidos enfrentan la destrucción, a menos de que caigan Obama y sus amos británicos, ya

22 de enero de 2016

22 de enero de 2016 — El New York Times continuó el miércoles 20 de enero con su informe sobre el perfil de muerte y destrucción del pueblo estadounidense bajo el gobierno del Presidente Obama y sus amos de la corona británica, ahora con un amplio informe de cada uno de los municipios en el mapa del país que registran todos un aumento en las muertes por sobredosis de heroína. Ni un solo municipio de Estados Unidos ha quedado inmune de la epidemia de la heroína, la cual los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades señalan que se compara al brote inicial del HIV. El mes pasado el mismo diario había catalogado el aumento en las tasas de mortalidad entre el sector de adultos blancos de edad media de la población y de jóvenes adultos, empujada por el aumento intempestivo en el abuso del alcohol y de las drogas, y un patrón en ascenso en la cantidad de suicidios.

El auge en la adicción a la heroína se atribuye directamente a la política de Obama de legalización de las drogas y a su adhesión estricta a la política de que los bancos de Wall Street son “demasiado grandes para ir a la cárcel”. Bajo el gobierno de Obama, el Departamento de Justicia —es decir, el Procurador de Justicia— le ha concedido “procesamiento diferido” o un pellizco en el brazo a los banqueros del Citibank, Wells Fargo-Wachovia, y del HSBC, que han admitido todos haber lavado miles de millones de dólares del narcotráfico a través del sistema bancario de Estados Unidos. Ni un solo ejecutivo de Wall Street ha ido a la cárcel, y ninguno ha recibido siguiera un acusación penal ni procesamiento. Eso se traduce, en parte, en un salto en las muertes por heroína (47,000 muertes en 2014, el último año para el cual hay datos disponibles) desde que Obama llegó al puesto, y le cumplió su promesa al promotor de la legalización de las drogas y pieza de los británicos, George Soros, de inundar a Estados Unidos de drogas ilícitas.

Todos estos relatos de horror plantean la cuestión justamente como lo ha advertido Lyndon LaRouche, todo el siglo 20 y las primeras décadas del siglo 21 ha sido un período de degeneración cultural y científica, y los británicos son los responsables. Desde las dos guerras mundiales orquestadas por los británicos en el siglo 20, hasta el asalto de lord Bertrand Russell contra la ciencia y la educación básica, hasta la imposición de la conducta “políticamente correcta” orquestada por los fabianos británicos y la Escuela de Francfort, la cual rechaza de plano cualquier principio científico de veracidad; en todo este período, Estados Unidos ha sido privado de su alma histórica.

En las raras ocasiones en que surgieron líderes políticos genuinos, como Franklin Roosevelt, John F. Kennedy, e incluso hasta Ronald Reagan, fueron objetos de asesinato, siempre por parte de la corona británica y sus herramientas de Narcotráfico SA, y Asesinatos SA.

Esta es la verdadera historia de lo que se le ha hecho al pueblo estadounidense. Ahora nos encontramos en un momento en que todo el sistema británico global está listo para estallar. Puede suceder en cualquier momento, en cualquier día. La situación está más que madura.

Pero hay medidas genuinas que se pueden tomar fácilmente para impedir la desintegración total. Los primeros 100 días en el gobierno, Franklin Roosevelt mostró el camino. Pero, como lo advirtió este miércoles LaRouche en discusiones con sus colegas, esto requiere acción presidencial, y el agente británico Obama nunca va a tomar esas medidas necesarias. Lo cual nos lleva a la cuestión de fondo: A menos que Obama sea retirado del cargo y a menos de que se aplaste el poder del imperio británico, incluyendo a su brazo de Wall Street, no hay posibilidades de que Estados Unidos, como se le conocía, pueda sobrevivir.

Ese es el mensaje que se tiene que transmitir, porque esa es la verdad esencial del momento presente. Sacar a Obama por medios constitucionales, eliminar a Londres y Wall Street, empezando con el restablecimiento de la Ley Glass-Steagall, y de inmediato se pueden iniciar las medidas similares a las de Franklin Roosevelt. Estados Unidos como nación está perdido si sucumbe a la cobardía, corrupción y pragmatismo que domina al Congreso y a otras instituciones de representación popular en el país. El fin puede llegar a través del inminente estallido financiero, o vendrá en la forma de una guerra termonuclear, lo cual eliminaría a la abrumadora mayoría de la humanidad.