28 de febrero de 2010 (LPAC).- El 22 de febrero entró en vigor la llamada "acta de reforma" a la industria de las tarjetas de crédito, y los estudiantes están entre los más afectados. Para el martes 23 de febrero, los bancos y las compañías de tarjetas de crédito estaban enviando notificaciones de las cancelaciones y reducciones de las líneas de crédito. Los estudiantes universitarios ya no se verán beneficiados por el rango crediticio de sus padres y por lo tanto se verán afectados por cancelaciones totales de crédito. El proyecto de ley de reforma a las tarjetas de crédito, que se aprobó la primavera pasada, ahora requerirá que los estudiantes ya sea tengan suficiente ingreso como para mostrar que ellos pueden pagar el crédito por ellos mismos, o que tengan a uno de los padres o representantes legales como co firmantes de la línea de crédito.
Según una fuente de alto nivel en el Partido Demócrata, muchas familias trabajadoras dependen de estas líneas de crédito para poder enviar a sus hijos a las universidades y el impacto se va a sentir de inmediato. Esto claramente va a ser uno de los factores que atizará las protestas que ya han empezado en los campus universitarios en California debido a los recortes en los presupuestos educativos, y muy pronto se extenderán por todo el país.
Ya en el 2009, más de una tercera parte de los estudiantes pusieron en tarjetas de crédito sus colegiaturas universitarias, según una encuesta de Sallie Mae, la principal entidad responsable de canalizar préstamos estudiantiles asegurados por el gobierno federal en el país; esto es un 24% más de estudiantes que en el 2004. Además, Sallie Mae también encontró que más del 50% de los estudiantes tienen cuatro o más tarjetas de crédito, con un saldo promedio de $3,173 dólares, que es un record histórico. La situación se vuelve aún peor este año con los millones de empleos perdidos desde que Obama tomó posesión. El fondo de todo es que los estudiantes de las familias de menores ingresos que son el 80% de la población, usaron sus tarjetas de crédito para comprar comida, libros, pagar renta y otras necesidades, incluyendo sus colegiaturas.
No es de sorprender que en las últimas encuestas se muestra que 51% de la población menor de 29 años, que votó abrumadoramente por Obama (79%) en el 2008, dijeron que no lo harían de nuevo.